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De las individualidades individualistas a las comunitarias
Opinión

De las individualidades individualistas a las comunitarias

Por: Adalid Contreras Baspineiro

Hace un par de años, invitado por la Asociación Católica Latinoamericana y Caribeña de Comunicación, Signis-ALC, tuve el privilegio de coordinar la sistematización de experiencias innovadoras de comunicación para el vivir bien, en zonas rurales y urbanas de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú. Las experiencias recuperadas tenían en común la construcción de sentidos a partir de un modo de existir y de soñar futuro articulando identidades y horizontes éticos por la vida.

La experiencia fue por demás enriquecedora en distintos sentidos. Uno de ellos, la reafirmación del carácter fundacional del paradigma de la vida en plenitud y armonía por los pueblos originarios del continente. Otro, la fuerza de la exigibilidad de derechos por parte de movimientos sociales legitimando epistemologías por el bien común. También encontramos experiencias cuyo enfoque teológico se asienta en una ecología integral que vela por el cuidado de la casa común y por la inclusión y justicia económica-social. Y todas, con el común denominador de la participación ciudadana en la expresión de su palabra.

Pero acaso el sentido que más llamó nuestra atención, es el que hace referencia a la trascendencia de la individualidad, la subjetividad y la espiritualidad de sujetos sentipensantes avizorando utopías. Se trata de una concepción opuesta a las que legitiman la competencia y los intereses individualistas como la base del funcionamiento de sociedades con seres atomizados que enarbolan libertad sacrificando libertades. Es también distinta a la mercantilización de la comunicación expresada en shows mediáticos que cultivan el miedo, la evasión o la naturalización de la violencia.

Uno de los referentes que explican contrasentidos a los decursos individualistas, es el Suma Jaqaña, cuya correspondencia con el Suma Qamaña o vivir bien comunitario, se produce en interrelaciones que se tejen desde las personas en referencia a la vida en comunidad. Suma Jaqaña, como dice Pablo Mamani, es la dulzura de ser-siendo frente a la dureza de estar-estando. Se lo define también como el vivir bien individual en interacciones de las personas consigo mismas, en sociedad, con la naturaleza y con las deidades, caracterizándose por su carácter socio-ético que busca legitimar valores y prácticas como la paciencia, el saludo, el respeto, la conversación, la laboriosidad, el cariño, la lealtad, la búsqueda de acuerdos y diversas formas de cooperación.

Esta perspectiva está incorporada en las búsquedas de paz en las zonas de conflicto armado en Colombia. El programa Educación para la Paz, del Centro de Comunicación Educativa Audiovisual – CEDAL, afirma que la construcción de la paz comienza como un acto personal por disponerse a construirla acompasada por procesos colectivos, para constituirse en una conquista personal y comunitaria. En el mismo sentido, el programa Pásela en Paz, de la institución Comunicarte, que trabaja con niños y niñas en contextos de guerra, busca forjar con ellos sus proyectos de vida con cualidades, fortalezas y sueños que les permitan superar el conflicto como opción de vida. Las experiencias de comunicación hablan con ellos, y ellos con la sociedad, reconociendo que existen otros futuros, o mejor dicho que existe futuro. Obviamente, estos sentidos serían imposibles de lograrse con programas sensacionalistas que banalizan la vida.

En otro contexto, el de las migraciones, encontramos que Webradio Migrante, de Sao Paulo, construye sus propuestas discursivas a partir de los sentimientos de rechazo y miedo a lo distinto y a lo nuevo que cargan consigo los migrantes, por lo que apela a la autoestima en ellos, e invoca la solidaridad en las sociedades receptoras. Esta experiencia sabe que los cambios para el buen convivir empiezan en las personas, sembrando esperanzas, a diferencia de aquellas que cultivan conductas xenofóbicas.

En otra dimensión, el de los derechos de las mujeres, el programa Sororidad Ecumenismo y Democracia del Centro Ecuménico Popular para América Latina – CEPALC, propone una forma de comunicación con el corazón, dado que lo esencial sería invisible a los ojos, reconociendo que cada persona es una palabra única, irrepetible y misteriosa, por lo que se la debe engendrar dentro de ellas mismas en libertad interior, intrapersonal, que se externalizará ejerciendo su propia voz. Definitivamente, las subjetividades no son sinónimo de lo subjetivo, sino referencias a las praxis transformadoras.

Recuperando estos aprendizajes, sostenemos que en tiempos de pandemia que están incrementando la inseguridad ciudadana, los feminicidios e infanticidios, así como las desesperanzas, es tarea prioritaria trabajar las individualidades de sujetos encarnados asumiéndolos no sólo como producto de las sociedades, sino especialmente como autoproducciones de vidas e imaginarios, a sabiendas que la individualidad es la parte de identidad que se construye alterativamente con otros, en unidades complementarias.

Los cambios son necesarios en los ciudadanos, pero también en los mediadores de la palabra, para que los medios en lugar de mostrar imágenes morbosas, de ironizar las desgracias y alimentar las fobias, forjen sentipensamientos de ira con las injusticias, y de confianza, de corresponsabilidad, de inclusión, de fraternidad y de concordia construyendo individualidades de referencia solidaria, fortaleciendo el yo en la comunidad que le otorga a la vida el sentido de humanidad.

Adalid Contreras es Sociólogo y comunicólogo boliviano

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