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Cuando Pando era Acre 

Hace más de 110 años, en un lugar llamado Acre, más allá de lo que hoy es Pando, vivían unos extranjeros que explotaban las riquezas de Bolivia como si fueran suyas. Por ese entonces y como ahora, las fronteras bolivianas, al menos en ese lugar, estaban muertas porque la presencia del Estado era casi nula, mientras que el Brasil propugnaba las fronteras vivas, pues, cada brasileño que ingresaba a territorio boliviano con el fin de residir era un ser vivo convertido en frontera.
Cuenta la historia[1] que cuando el Estado boliviano decidió sentar soberanía en 1899 en aquel lugar, fundando un puerto (Alonso, hoy en territorio brasileño) sobre el Rio Acre para instalar un puesto aduanero de recaudación de impuesto sobre exportaciones de goma, los aventureros que explotaban ese recurso y la contrabandeaban sin rubor hacia el gigante vecino se molestaron y mucho. Brasil, dice la historia, también estaba molesto porque sentía que bajaban sus ingresos por el “transito” de la goma boliviana por sus puertos.
Fue entonces, cuando las fronteras vivas decidieron cumplir su misión geopolítica como sucedió en el Litoral con la misma Bolivia, donde en 1878 existían más ciudadanos chilenos que bolivianos (casi el 90 por ciento, al menos en Calama), por eso les fue fácil a los invasores derrotar a don Ladislao Cabrera y Eduardo Avaroa. Veintiún años después, se repetía la historia, pero en el Acre, donde el 1 de marzo de 1899 el español Luis Galvez se sublevó y declaró el estado independiente del Acre, tomando el puerto que simbolizaba la presencia del Estado boliviano.
Sorpresivamente, sigue contando la historia, Luis Salinas Vega, representante boliviano, pidió el apoyo brasileño para conjurar el levantamiento; la respuesta inicial fue positiva, pero muy pronto Brasil se desentendió del problema para luego declarar el territorio del Acre en litigio. ¿Qué le parece la estrategia? Alguna coincidencia con algún dirigente cívico o cívica, diputado o senador (de lo que hoy es Pando y antes Acre) con Salinas Vega es mera coincidencia, no piense mal.
Apremiado por los filibusteros separatistas, como escribe la familia Mesa, Bolivia envía tres expediciones: la de Andrés Muñoz, la de Lucio Pérez Velasco y la de Ismael Montes. “En valientes contiendas de armas en Capueiro, Rioshiño, Bagé y Puerto Acre, Bolivia recuperó su soberanía”, dice la sabia Historia.
El gigante Brasil, herido en su orgullo o por simple cálculo político, espera agazapado hasta 1902, cuando se le ocurrió a Félix Avelino Aramayo (¿lo recuerda? Es uno de los Barones del Estaño) crear una sociedad angloamericana para arrendar la totalidad del Acre y facilitar su explotación. La excusa perfecta. El Barón de Río Branco y además Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil protestó, e imagínense ¿qué más? Acusó a Bolivia de romperá las reglas de la soberanía en el Continente. En sintonía con este ministro, Plácido de Castro se levantó en el Acre, declarando otra vez la secesión, pero esta vez Brasil intervino Puerto Acre con un contingente armado, tomándolo por segunda vez. Aunque usted no lo crea, parece de Ripley, pero no lo digo yo, lo cuenta la historia escrita por la familia Mesa.
Y luego, ¿qué pasó? ¿Quiere saber más? El Presidente José Manuel Pando caminó durante días, semanas, desde los andes hasta la amazonia para defender el territorio de Bolivia. Gracias a Dios, le fue bien, combatió y venció a Castro. No estaba solo, le apoyó el boliviano Nicolás Suárez, el Barón de la Goma, quien formó un ejército con sus propios hombres y combatió y derrotó a los filibusteros separatistas en Bahía, hoy Cobija.
Bueno, Bolivia había vencido, eventualmente, en las armas, pero Brasil no había expresado toda su fiereza y afilaba las manos para hacerlo en cualquier momento. La historia dice que las autoridades bolivianas olfatearon, intuyeron esa posibilidad y prefirieron negociar y luego vender el Acre, a través del Tratado de Petrópolis, a Brasil en la módica suma de 2.000.000 de libras esterlinas y el compromiso de construcción de un ferrocarril en la zona de las cachuelas. Hoy ya no queda ni el dinero ni el ferrocarril. Así Bolivia perdió alrededor de 190.000 kilómetros cuadrados de territorio, narra la historia. ¡Diablos! Otra fotocopia de la historia (¿recuerda? Las autoridades bolivianas regalaron el Litoral a Chile a cambio de un ferrocarril que beneficia más a un empresario minero de ese entonces – Aniceto Arce- que a Bolivia).
Otra cosa hubiera sido si en ese lugar -que hoy aparece en el mapa de Bolivia como una cresta oscura, grande y dolorosa en el norte (para recordar a los bolivianos que un día les perteneció el Acre y que ahora ya no)- hubieran vivido miles de Bolivianos dándole vida a nuestras fronteras. Como no vivía casi nadie, salvo unos cuantos valientes frente a miles de fronteras vivas brasileñas, era casi imposible sostener la soberanía nacional.
La historia ya se repitió dos veces, como acabo de verificarlo usted mismo. ¿Se repetirá por tercera vez? ¿Será? Me asusta porque recién nomás unos reencarnados de Plácido de Castro, todos fronteras vivas brasileñas, dijeron que no se saldrán del territorio boliviano, específicamente de Pando, porque ya invirtieron sus reales y no pueden ser expulsados así nomás. ¿Cuál será su próximo paso? ¿Declarar la secesión con la ayuda de algunos diputados, senadores y cívicos bolivianos y luego pedir ayuda al amigo de Evo Morales, Lula da Silva?
Otra vez la misma historia, por Dios, y ¿dónde están los bolivianos? ¿Acaso no pueden poblar esa parte del país con miles de hombres y mujeres que requieren tierra y están dispuestos a trabajar? ¿Quién se los impide, un senador, un diputado o algún cívico o prefecto? ¿Querrán éstos ser registrados mañana por la Historia como los filibusteros del Acre? ¿O no les importará? ¿Más vale preservar intereses de grupo que los intereses de la Patria? ¿No sería más honroso pasar a la historia como Maximiliano Paredes (que murió valientemente en el combate de Riosinho) o Nicolás Suárez? Si esta vez se repite la historia, el gran culpable será Evo Morales y su gobierno por no haber frenado las fronteras vivas brasileñas.
[1] Historia de Bolivia; José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert; editorial Gisbert, La Paz, Bolivia, 2008.

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